El intertrigo es una afección inflamatoria común de la piel que se produce debido a la fricción entre superficies cutáneas dentro de los pliegues de la piel, donde la humedad queda atrapada por la mala circulación del aire. Esta condición puede ocurrir en cualquier área del cuerpo donde dos superficies de piel estén en contacto cercano, como las axilas, debajo de los senos, el ombligo y la zona inguinal. El intertrigo está fuertemente asociado con la obesidad.
Inicialmente, el intertrigo se presenta como un eritema especular en los pliegues cutáneos, a menudo acompañado de picor, escozor y quemazón. Puede evolucionar a una inflamación más grave con erosión, supuración, exudación y maceración, y la infección secundaria es una complicación frecuente. En este sentido, la combinación de piel caliente, húmeda y dañada proporciona las condiciones ideales para que se reproduzcan los microorganismos.
A medida que el estrato córneo se macera debido a la hiperhidratación, la fricción se intensifica y debilita y daña aún más el tejido epidérmico. La afección puede evolucionar hacia una inflamación grave y la ruptura de la piel. Esta erosión de la barrera epidérmica puede crear un punto de entrada para microorganismos causantes de infecciones secundarias.
La prevalencia del intertrigo varía del 6% en pacientes hospitalizados al 17% en pacientes de residencias de ancianos y al 20% en pacientes de atención domiciliaria. El intertrigo puede afectar a individuos de cualquier edad, siendo los bebés y los lactantes especialmente propensos a desarrollar intertrigo en los pliegues del cuello, debido a sus cuellos cortos, posturas flexionadas y babeo. En los adultos, varios factores pueden contribuir al desarrollo del intertrigo, como la obesidad, la diabetes mellitus, la inmovilidad/cama, la incontinencia urinaria y/o fecal, la desnutrición, la hiperhidrosis, el uso de pañales, la exposición a ambientes cálidos y húmedos y el uso de ropa oclusiva (2).
El intertrigo puede presentarse clínicamente en una gama que va desde el eritema leve a la rotura extensa de la piel. El daño observado suele reflejarse a ambos lados del pliegue cutáneo. El intertrigo provoca sensaciones de picor, escozor, quemazón, pinchazos y dolor, y también puede producir olor. En consecuencia, la calidad de vida de las personas que padecen intertrigo puede verse afectada de forma significativa.
La prevención y el tratamiento deben comenzar con una evaluación exhaustiva de todos los pliegues cutáneos. Se sugiere que la identificación precoz del daño cutáneo es esencial para evitar un mayor deterioro y malos resultados. Si no se trata eficazmente, cualquier infección secundaria inicial en el intertrigo puede evolucionar fácilmente hacia infecciones más graves de los tejidos blandos, como la celulitis, o incluso desembocar en sepsis.
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