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¿Qué es la queratosis actínica?

La queratosis actínica (QA) es una enfermedad crónica de la piel muy frecuente en la que coexisten lesiones cutáneas clínicas y subclínicas en zonas expuestas al sol como la cara, las orejas, el cuero cabelludo, el cuello, el dorso de las manos y los antebrazos, y los labios.

Aunque la QA no es potencialmente mortal, tiene una prevalencia elevada. La Academia Americana de Dermatología (AAD) diagnostica al menos una lesión en el 60% de las personas predispuestas mayores de 40 años. En Europa, las tasas de prevalencia varían del 4,7% (en un estudio transversal francés) al 31% (en individuos austriacos de = 30 años) y hasta el 37% en el más reciente Estudio de Rotterdam, que incluyó una cohorte poblacional de 2061 individuos ancianos.

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Los principales factores de riesgo de la QA incluyen la exposición crónica a la radiación ultravioleta (UV), el uso de camas solares, la edad avanzada (hasta el 80% de los adultos mayores de 60 años están afectados), el sexo masculino, la piel clara (piel de Fitzpatrick tipo I-II), la inmunosupresión prolongada, las enfermedades genéticas y los antecedentes de lesiones de QA o de cáncer de piel no melanoma.

Las lesiones de QA suelen ser asintomáticas, pero en ocasiones pueden asociarse a síntomas como picor, quemazón, sangrado o escozor, lo que repercute en la calidad de vida de las personas afectadas.

La QA típica se presenta clínicamente como una pápula o parche escamoso, rugoso y mal definido, generalmente de más de 1 mm de altura o con un cuerno cutáneo sin induración en la base. Por el contrario, la QA hiperqueratósica se presenta como una pápula espinosa rugosa y mal definida de < 1 mm de altura. Desde el punto de vista histológico, tanto la QA como la QA hiperqueratósica pueden mostrar atipia de los queratinocitos sin atipia amplia de todo el espesor de la epidermis y los folículos. Sin embargo, la afectación epidérmica en todo el espesor hace temer el desarrollo de un cáncer de piel. Por este motivo, el tratamiento es necesario no sólo para erradicar clínicamente las lesiones evidentes y subclínicas, sino también para prevenir la evolución a carcinoma escamoso cutáneo (CEC) y reducir las recidivas.

Se estima que entre el 15 y el 20% de las lesiones de QA evolucionan a CEC, el segundo cáncer de piel más frecuente en humanos. Esta cifra sigue aumentando, ya que el número de CEC ha pasado del 50% al 300% en las tres últimas décadas y para 2030 su incidencia en los países europeos será el doble de la actual. Entre los indicadores importantes del riesgo individual de desarrollar un CEC se incluyen la inmunosupresión, los antecedentes de cáncer de piel epitelial, la elevada exposición acumulada a los rayos UV, el número de lesiones (> 5), el sexo (más frecuente en hombres que en mujeres (proporción 3:1)) y la edad (entre 5 y 10 veces mayor en personas mayores de 75 años en comparación con las menores de 55). Los pacientes suelen presentar lesiones escamosas, eritematosas, ulceradas y/o sangrantes.

Si se detecta y trata en estadios tempranos, el CEC no suele poner en peligro la vida del paciente. Sin embargo, puede ser localmente invasivo (causando desfiguración) y metastásico. La frecuencia de metástasis en los ganglios linfáticos ronda el 4% y las tasas de mortalidad son cercanas al 3,5%. Dada su elevada frecuencia, el CEC tiene un impacto significativo en la mortalidad global, siendo la segunda causa más común de muerte por cáncer de piel después del melanoma.

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